
Tus hijos no son tus hijos,
son hijos de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.
Puedes esforcarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos
semejantes a ti.
Porque la vida no retrocede
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas sin lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.
Gibrain Kahlil Gibran.
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