
Ángel, demonio mío:
cuanto no hagamos
lo haremos juntos,
y cuanto hagamos
separados lo haremos.
Pero, ¿por qué, por qué?
Ángel mío, demonio:
no he querido quererte
y no quiero quererte.
Cuando llegue la hora de concluir,
haremos cuentas juntos:
la inspiración será
tuya; mía, la expiración;
y la respiración seremos, ah, los dos.
Al fin y al cabo, el aire.
Y en él, tú, demonio y ángel mío.
A.G.
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